Debo confesar que no pensaba escribir sobre esta mega crisis por un buen tiempo. Y no pensaba hacerlo porque todo lo que he escrito en relación a ésta desde hace más de dos años se encuentra, en blanco y negro, disperso por toda la galaxia virtual de Internet. Ya no quedaba mucho por decir: el exceso especulativo en los mercados era demasiado grande como para no llamar la atención de cualquier economista medianamente informado en el tema; era demasiado grande como para que uno no se preguntara de dónde venía ese oxígeno que alimentaba ese fuego infernal, y demasiado grande como para no escribir sobre este Armagedón financiero en cierne.
Y eso hice, hasta que el recuerdo de la maldición de Casandra me llevó por otros rumbos alejados de la redacción y de la prosa. Pero en las últimas semanas el colapso en los mercados ha llevado a que la izquierda económica salga, en tono triunfal, a declarar la muerte del libre mercado —que aseguran fue por suicidio—. Seguir callado, como se comprenderá, dejaba de ser una opción. Un reducido número de economistas advertimos sobre el tsunami que se nos venía encima. La inmensa mayoría de nuestros colegas en la profesión, o no vio la ola o, si la vio, supuso que las nuevas condiciones oceanográficas favorecían la práctica del surfing.
Ahora que la naturaleza y la magnitud de la crisis quedan al descubierto, son estos economistas precisamente los que han cambiado la trusa de baño por el traje de tres piezas de analista económico, y pontifican en cuanto medio de comunicación pueden acerca del rol que el Estado debe tener en la solución del problema, que atribuyen a una "falla de mercado". ¿Falla de mercado… o falla de gobierno? Esta la pregunta que me lleva a tomar la pluma una vez más.
¡Pero no se apresure en responder! Esta gran crisis financiera, poliédrica, de la cual el inmobiliario es uno de los lados, tiene en William Jefferson Clinton, el ex presidente norteamericano, uno de sus tantos responsables. Y no lo afirmo yo: es lo que se deduce de esta nota publicada hace casi diez años en el órgano oficial de la izquierda norteamericana, el neoyorquinísimo New York Times, firmada por Steven A. Holmes, en la que ya el título dejaba presagiar lo que se estaba fraguando: "Fannie Mae flexibiliza crédito para estimular el préstamo hipotecario". Como la nota es larga, transcribo algunos de los párrafos relevantes:
"[C]on el fin de ayudar a que las minorías y la población de menores ingresos se hagan de una casa, Fannie Mae Corporation planea reducir los requerimientos crediticios que le pide a la banca al momento de comprarle su cartera hipotecaria".
(…)
"Este plan piloto, en el que en un comienzo participarán 24 bancos en 15 ciudades (incluyendo el área metropolitana de Nueva York), busca incentivar a los bancos a que concedan préstamos hipotecarios a personas a las que su historial crediticio no les permite obtener préstamos convencionales".
(…)
"Fannie Mae, el suscriptor de préstamos hipotecarios más grande del país, se encuentra presionado en gran forma, por un lado, por la Administración Clinton, que insiste en que aumente su cartera de colocaciones hipotecarias entre los grupos de menores ingresos y, por otro, por sus accionistas, que buscan que mantenga su alto nivel de rentabilidad."
"[Por su parte], los bancos, las instituciones de ahorro y crédito y las compañías de préstamos hipotecarios también presionan a Fannie Mae para que los ayude a otorgar cada vez mayores préstamos a personas de alto riesgo crediticio ("subprime borrowers"). Los ingresos, el historial de crédito y los niveles de ahorro de estos deudores les impiden acceder a préstamos hipotecarios convencionales, y es por eso que cuando obtienen préstamos, éstos vienen con tasas de interés altas —de 3 a 4% por encima de las tasas convencionales—."
(…)
"’Fannie Mae ha logrado que millones de hogares accedan a la casa propia al reducir los requerimientos del depósito inicial’, afirma su presidente, Franklin D. Raines."
(…)
"Este nuevo segmento crediticio [los clientes ‘subprime’] lleva a Fannie Mae a que asuma un progresivo riesgo, el cual no presenta problemas en épocas de crecimiento económico. Sin embargo, podría encontrarse en graves apuros cuando los vientos cambien, obligando al gobierno a emprender un rescate financiero, como el de los bancos de ahorro y préstamos [Savings & Loans] en los noventa". ("Fannie Mae eases credit to aid mortgage lending", New York Times, 30/setiembre/1999)
Queda claro, entonces, que todo este caos y pánico financiero tiene su origen en el hecho de que a alguien en la Casa Blanca se le ocurrió que el populismo económico no tenía por qué ser monopolio de las democracias tercermundistas —de ambos lados del espectro político—, y si John no tenía ahorros para adquirir una vivienda, "no problem, sir", se le reducía o eliminaba el depósito inicial, y si ahora era Peter el que no tenía los ingresos necesarios, "no problem, sir", había que ver la manera de utilizar algo de alquimia financiera y contabilidad creativa para que el pago mensual, los primeros tres o cuatro años, fuese artificialmente bajo —aunque luego se duplicara y hasta triplicara—. Estas personas de bajos ingresos, que las medidas clintonianas buscaban capturar en una versión primermundista de clientelismo político, despiertan ahora del sueño de la casa propia a la pesadilla de la casa embargada. Quienes desde el gobierno planearon y ejecutaron esta política de Estado olvidaron algo fundamental: en la historia económica de la humanidad no existe un solo caso exitoso de creación de riqueza por decreto. Toda creación de riqueza es un largo y complejo proceso de reconversión de ahorro en inversión. Sin ahorro no hay inversión, y sin inversión no hay crecimiento económico. Así de simple.
Pero el demócrata Clinton especuló que la dinámica del juego de espejos, por el cual se genera la sensación de un túnel sin fin cuando se colocan uno frente al otro, podía aplicarse con buenos resultados colocando al mercado inmobiliario frente al mercado de valores (¡como dos espejos!). Se equivocó rotundamente, y ahora la gente tiene que abandonar sus casas, y ahora a él le queda el juicio de la historia.
Cómo podía saber el New York Times que, diez años después de su nota, ésta se usaría como prueba para responsabilizar a un ex presidente norteamericano de asesinato en primer grado del mercado hipotecario. Sí, los mercados no cometieron suicidio: fueron amordazados, atados de pies y manos y, posteriormente, estrangulados por la intervención estatal y las distorsiones y efectos perversos que ésta trajo consigo. Ahora viene la gran purga de todos los excesos en la economía y por eso tiembla el gran edificio financiero global. Adam Smith, finalmente, ha decidido realizar una limpieza general de la casa, y cuando hace la limpieza —nos enseña la historia— siempre empieza por los rincones más sucios. Ayer fue el mercado hipotecario; hoy, el crediticio; mañana, quién sabe. And, boy, is he pissed!
Por Charles Philbrook
El papel que juega Clinton
29 septiembre 2008Sobre bullshit y commodities
05 abril 2008“El problema inflacionario”, escribe el profesor Renzo Jiménez, de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en una carta al diario Gestión, “se exacerba cada vez más”. Continúa diciendo: “A diferencia de épocas pasadas, en el Perú esta vez el problema no es el exceso de soles, sino el exceso de dólares. Debido a problemas internos de los Estados Unidos, su banco central está y seguirá inundando de dólares el mundo. Esta es la razón —sentencia el profesor— por la que los precios en dólares en todo el mundo vienen y seguirán subiendo, y por esta misma razón el tipo de cambio del dólar frente a las demás monedas viene y seguirá cayendo”. [25/marzo/2008, pág. 30]
“Bullshit” es una de esas palabras que, en el idioma de Shakespeare, relaciona con exactitud la significación del vocablo con su característica fonética. Curiosamente, en castellano no existe una equivalencia lingüística que logre captar la esencia de esta gran expresión. En algunos diccionarios se traduce como ‘tonterías’, o ‘sandeces’, y hasta ‘gilipolleces’. Y no se va más allá. Pero bullshit es mucho más: trasciende lo escatológico y metafísico, y denota todas aquellas afirmaciones que son incorrectas, engañosas o abiertamente falsas.
Gran parte del ‘problema inflacionario’ en el Perú —aseguran algunos aficionados al comentario que pasa por económico y que se reduce a transcribir lo que otros dicen— es importado. ¿Conque así es? Curioso: lo mismo dicen en Chile, en Estados Unidos, en China, en Vietnam, en Argentina, en Venezuela, en Bolivia, en Bora Bora, en Burkina Fasso… Pero si en todos lados la inflación es importada, ¿qué país la está exportando?
En el Perú, el aumento en el nivel de precios se ve reflejado en el Índice de Precios al Consumidor (IPC), el cual tiene un componente “interno” (con una ponderación de 88% en el total) y uno “importado” (un 12% del IPC total). Pues bien, según datos que se pueden encontrar en la página web del centralísimo Banco Central de Reserva del Perú (BCR), en los últimos cuatro años un 80% del aumento en el nivel de precios se debe al IPC interno. Sí, interno. Es decir, sólo un 20% es importado. La inflación es, pues, local —como en el resto de países—. Dicen bullshit quienes por no investigar se convierten en caja de resonancia de las dobleces del BCR.
También se aduce que los precios de los commodities suben y suben y suben porque el dólar cae, cae y sigue cayendo. A esto alude el profesor Jiménez cuando asevera que “los precios en dólares en todo el mundo vienen y seguirán subiendo”. Pero de enero del 2005 a marzo del 2006, el índice del dólar, que establece una relación cambiaria entre esta moneda y las cotizaciones ponderadas de las monedas de los principales socios comerciales de los Estados Unidos, se apreció en un 15%, y eso no impidió que aumente el precio del oro y del petróleo en un 50%. Si hay una relación inversa entre la fortaleza del dólar y el precio de los commodities, ¿qué hizo que ésta se quiebre? Sobre eso deberían teorizar los supremos analistas. Una vez más: This is bullshit!
En los últimos años, los precios de los commodities han estado aumentando en relación a todas (sí, todas) las monedas del mundo. Esto es consecuencia del decreciente poder adquisitivo de éstas, el cual, a su vez, se debe al hecho de que los bancos centrales están haciendo un creciente uso y abuso del poder monopólico que sobre la creación de dinero tienen (poder, por cierto, que bajo el patrón oro era limitado —algo que Keynes nunca toleró, y de ahí que considerara al oro una “reliquia barbárica”—). Pues bien, en los últimos catorce meses, el índice Reuters-CRB, que agrupa a diecisiete commodities (todos con igual ponderación), aumentó 40% en dólares, 14% en euros, y 15% en yenes. En relación al oro, sin embargo, este índice no se ha movido, no ha ganado ni perdido su valor. Ello confirma que son las monedas las que van por el despeñadero. And that’s not bullshit!
Charles Philbrook, Economia & mercado
La opinión de -Ushi- en 0:29 0 opinan
Etiquetas: Charles Philbrook, economia, Inflación
Guatemala: La principal causa de la inflación
04 abril 2008Guatemala: La principal causa de la inflación
Por Ramón Parellada
Siglo XXI
La definición más común de la inflación es la de un aumento general y sostenido de los precios medidos a través de un índice, el IPC (Índice De Precios Al Consumidor). Sin embargo, esta definición basada en una sola de sus muchas consecuencias ignora, a mi juicio, la principal causa de la misma que es la creación de dinero más allá de su demanda no causada por el mercado.
Esta segunda definición es la de la Escuela Austriaca de Economía.Dado que hoy en día la creación de dinero es un monopolio de los Bancos Centrales, entonces ellos son los principales causantes de la inflación. El propio Milton Friedman, de otra escuela económica, la de Chicago, reconocía que “la inflación siempre es en todas partes un fenómeno monetario”.
Por lo tanto, los aumentos en el petróleo, trigo, maíz y demás commodities no son inflacionarios. Tampoco lo es un aumento en los impuestos. Sin embargo, sí son reflejados en el IPC por la forma en que este se mide.
Tienen otros efectos que reflejan la escasez temporal de esos bienes en un momento dado con relación a los demás.
El Banco de Guatemala, al igual que cualquier Banco Central, es el principal causante de la inflación al crear dinero todos los años que sobrepasa el crecimiento económico y lo que la gente desea guardar, es decir, sobrepasa la demanda de dinero y esto implica inflación con sus consecuencias en la pérdida del poder adquisitivo del dinero (cada quetzal alcanza para comprar menos), distorsión de precios en general incluyendo la tasa de interés y de cambio, creación del temido ciclo económico, y la destrucción del ahorro y del ingreso de las personas.
El aumento en la cantidad de dinero suele medirse de diversas formas. Una de ellas es lo que se llama Base Monetaria (B), que mide lo que sale directamente del Banco Central al sistema y se llama creación primaria de dinero. Otra es M1, que se conoce como Medio Circulante y es la suma de B más los depósitos monetarios y una más es M2 conocida como Medios de Pago, que se define como M1 más los depósitos de ahorro. El crecimiento, de enero de 2000 a febrero de 2008, de B, fue de 252.5%, el de M1 fue de 285.86% y el de M2 fue de 290.9%. ¿No es esto suficiente prueba para demostrar que la principal causa de la inflación la provoca el Banco de Guatemala?
Mientras tanto la inflación medida como aumento del IPC varió en ese mismo período un 77.90%. ¿Por qué no tuvimos una inflación similar al aumento de la cantidad de dinero? Porque parte de esa tremenda emisión monetaria fue absorbida por el crecimiento poblacional, otra parte por el crecimiento económico del país y el resto está contenido en el mismo Banco de Guatemala, como OMAS (Operaciones de Mercado Abierto), a las que ahora se les llama Operaciones de Estabilización Monetaria. En Enero de 2000 había 3,499.6 millones de quetzales y a finales de febrero, esta cifra aumentó a 11,482.70 millones.
Está claro que el Banco de Guatemala tiene el monopolio y poder de crear moneda. Es el principal causante de la inflación y por consiguiente el que, bajo la regla actual, puede evitarla.
Ojalá que algún día nos demos cuenta de que los Bancos Centrales nos empobrecen, y optemos por una Banca Libre, que es el sistema, surgido espontáneamente, que protegió el poder adquisitivo de la moneda mucho mejor que ningún otro.Publicado por Gabriel Gasave
La opinión de -Ushi- en 10:37 0 opinan
Etiquetas: Guatemala, Inflación, Milton Friedman
